Caperucita Roja
Intentando mantener la compostura, comenzaste a huir a un lugar seguro. Corriste a través del bosque, haciéndote pequeños cortes en los brazos y la cara. Sientías que tu corazón latía con fuerza, bombeando adrenalina por tu torrente sanguíneo. Vislumbraste un tronco hueco en el que podías esconderte y tal vez perder el rastro del lobo.
No dio resultado. El lobo se acercaba más y más a tu escondite. De repente, un cazador apareció, pero estaba borracho y descoordinado. El lobo, aprovechando su debilidad, lo derrotó en una pelea rápida y mortal. Ante esta situación, usaste la botella de vino que llevabas en la cesta para atacar al lobo, golpeándolo y dejándolo aturdido, lo que te permitió mantenerse firme.
Al ver lo audaz y valiente que eras, el lobo te sorprendió con un cambio inesperado: decidió hacer un pacto de lealtad y protección contigo, adoptando una actitud fiel y paciente, casi como la de un perro. Desde ese momento, el lobo se convirtió en tu guardián y compañero en el bosque.
Juntos, el lobo domesticado y tú fueron hacia la casa de la abuela. La abuela los recibió con sorpresa, pero al ver la nueva alianza, supo que el peligro había terminado de una manera inusual pero pacífica.
Así, aprendiste que la valentía y el ingenio pueden cambiar incluso las situaciones más difíciles. También descubriste que la confianza y el respeto pueden transformar a un enemigo en un aliado poderoso, demostrando que la fuerza sin sabiduría no es nada, pero la unión y la lealtad pueden cambiar cualquier destino.

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