Caperucita Roja

Desconfiando del lobo y sus intenciones, decidiste mentirle sobre el camino que tomarías hacia la casa de tu abuela. El lobo, intentando ganarse tu confianza, te dijo qué sendero es más rápido, pero tú preferiste seguir el que conoces bien.

Cuando llegaste a la casa, notaste algo extraño: el leñador estaba dentro y tu abuela parecía diferente, más callada y con cadenas en sus pies, atada a una silla. Con mucho cuidado, comienzaste a hacerle preguntas aparentemente inocentes, pero con un propósito oculto…

—Abuela, ¿hay pan? —preguntaste con voz firme.

—Sí, mi niña, hay pan —respondió la abuela, con voz apagada.

—¿Hay mantequilla? —volviste a preguntar, observando sus movimientos.

—Sí, sí hay mantequilla —contestó con un suspiro. Mientras recogías un cuchillo poco a poco, continuaste preguntando.

—¿Hay carne?

— Sí, mi niña, hay carne, y carne peligrosa —dijo la abuela, casi como un aviso.

—¿Voy por el queso?

—Sí, mi niña, ve por el queso donde tu mamá —respondió, con un tono que interpretaste como una señal clara de peligro.

Entiendiste que tu abuela estaba en una situación grave y decidiste salir corriendo para buscar ayuda. Pero en tu carrera, el leñador te alcanzó y, sin mostrar buena intención, empezó a comportarse de manera agresiva y amenazante hacia ti.

Justo cuando sentiste que no podías escapar, el lobo apareció con su manada, rodeando al leñador. En la confrontación, el lobo y los animales lograron someter al leñador, quien fue amarrado para ser entregado a las autoridades del pueblo.

Entonces comprendiste la verdad: el lobo y todos los animales del bosque no eran peligrosos, al contrario, protegían a los inocentes. El verdadero peligro era el leñador, que había difundido mentiras diciendo que los lobos eran malos porque su padre murió atacado por uno. Sin embargo, la realidad era que su padre mataba lobos bebés para usar su pelaje, y la manada solo había actuado en defensa propia.

Así aprendiste que no todo lo que se dice es cierto, que debes escuchar, observar y pensar con juicio antes de juzgar. Y lo más importante, que la valentía y la astucia son herramientas poderosas para protegerte y ayudar a otros cuando enfrentas el peligro.


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